jueves, 22 de abril de 2010

La mujer tirita

Soy como la mujer tirita... Hay demasiados momentos en los que necesito una tirita. Ya sea por que me he cortado con el cuchillo, con un folio o con cualquier cosa estúpida que te puedas imaginar. O por que mi corte es de los que no se ven pero si se sienten. Y no hablo de los cortes pequeños que solo veo yo, xq los demás andan un poco mal de la vista, sino de los cortes sentimales/quejicosos que me ocurren sobre todo en primavera.

Y es que cuando dicen que la primavera la sangre altera, es por que es totalmente cierto. La primavera es la época del año que más trabajo tienen los psiquiatras, y digo psiquiatras que creo que son los que funcionan de forma más cuerda que los psicólogos, que por el contrario son los que necesitarían ir a terapia.


En fin, tiritas para todo. Tiritas para el corazón cuando llueve demasiados días y sin saberlo, se pone triste. Tiritas para la cabeza, que da vueltas sin parar, sin encontrar un sentido y viendo problemas inexistentes. Tiritas para los pies, por que aunque no duelan, no quieren moverse porque no le encuentran el sentido. Y es que cuanto menos se mueven, menos ganas tienen. Tiritas para las uñas, por que cuando los nervios acechan, las uñas desaparecen, y habiéndolo probado todo, las tiritas, reconvertidas esta vez en esmalte de uñas, hace que el plan funcione.


Lo bueno de las tiritas es que cuando quieres quitártelas, sólo tienes que tirar fuerte y desaparecen. Duele. Reduele. Pero sólo durante unos segundos. Tiras fuerte y hasta luego tirita, hasta luego primavera.


...Ganas inmensas de arrancar la primavera de cuajo y hacer que el verano inunde nuestras vidas.

miércoles, 14 de abril de 2010

Hoy necesito una tirita.



Una tirita de colores para curarme.
Para curarme del gris que me envuelve.
Para tapar agujeritos que me hacen sufrir.

Una tirita que convierte el gris feo, en amarillo feliz.
Hoy siento que noviembre ha venido para robarme abril y hacer que se esfume con un suspiro.

jueves, 8 de abril de 2010

Duendes y ángeles

Cuenta la leyenda que hace miles de años unos duendes que compartían amistad con los Ángeles, tuvieron que huir del bosque donde vivían, por ello los Ángeles como símbolo de protección les regalaron unos cachivaches como llamadores que sólo ellos podían llevar colgados.
Según la leyenda, los Ángeles explicaron a los duendes que siempre que se viesen desprotegidos o en peligro debían de agitar la bola con el llamador y ellos acudirían para protegerles.

Los duendes que en más de una ocasión tuvieron que utilizarlo decidieron llamarlos "Llamadores de Ángeles" ...

...A veces al amanecer, cuando no sabemos con certeza si estamos dormidos o despiertos, o a la hora del crepúsculo cuando las sombras nos hacen dudar de nuestros sentidos, adivinamos invisibles presencias, susurros, aletos, risas contenidas y hasta puede rozar nuestra mejilla algo que no podemos definir...

...son los Ángeles que vienen y van, escuchando nuestros secretos y susurrándonos melodías...